jueves, 11 de julio de 2013

En la selva


Cric, Cric, anunciaba el grillo en la puerta, (era la llamada) entonces ella se balanceaba de su cama, agarraba alguna manta y comenzaba la caminata de todas las noches, envuelta en esa magia de lo noctambulo y lo prohibido.
En sueños de duendes y colmillos.
El camino era sinuoso, pero ella lo conocía de memoria, iba como acampando con sus pies en cada paso que daba, era la postura perfecta entre una cosa y la otra, era lo adaptado, era piel sabor e historia, era tiempo entrelazado.
Y a cada paso ilusionada, en las noches iba a ese lugar encantado a buscarlo.

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Ya en el encuentro, el árbol reconoció su presencia (sonrió), las algas del pantano se movían sin cesar, los bichitos de luz iluminaban el momento, enredaderas gigantes la ayudaban para llegar a su espacio, su deseo.
Era ese momento mágico de todas las noches, donde la piel se volvía carne, y los astros brindaban el aire, era ese momento de lucidez y esplendor, que acobijaba los cuerpos, naturaleza y pasión. Todo se volvía oscuro y al luz se irradiaba allí, de a dos.

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Sonreían despacio para no interrumpir, sabían que era el momento a seguir, elevados por aves comenzaron a sentir, una fresca brisa y el olor a jazmín, acompañando el sostén de una mirada que eludía pero enfrentaba, atravesaba y mordía a la distancia ese pedazo de furia que ambos desataban, Esa pasión sin receso, ese sabor del re-encuentro.



" ...abrazaste mi  cuerpo y el cielo se fundió en los dos.
 Ella siempre lo esperó."

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