Cric, Cric, anunciaba
el grillo en la puerta, (era la llamada) entonces ella se balanceaba de su
cama, agarraba alguna manta y comenzaba la caminata de todas las noches,
envuelta en esa magia de lo noctambulo y lo prohibido.
En sueños de duendes y colmillos.
El camino era sinuoso,
pero ella lo conocía de memoria, iba como acampando con sus pies en cada paso
que daba, era la postura perfecta entre una cosa y la otra, era lo adaptado,
era piel sabor e historia, era tiempo entrelazado.
Y a cada paso ilusionada, en las noches iba a ese lugar encantado a buscarlo.
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Ya en el encuentro, el
árbol reconoció su presencia (sonrió), las algas del pantano se movían sin
cesar, los bichitos de luz iluminaban el momento, enredaderas gigantes la ayudaban para llegar a su espacio, su deseo.
Era ese momento
mágico de todas las noches, donde la piel se volvía carne, y los astros
brindaban el aire, era ese momento de lucidez y esplendor, que acobijaba los
cuerpos, naturaleza y pasión. Todo se volvía oscuro y al luz se irradiaba allí, de a dos.
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Sonreían despacio
para no interrumpir, sabían que era el momento a seguir, elevados por aves
comenzaron a sentir, una fresca brisa y el olor a jazmín, acompañando el sostén
de una mirada que eludía pero enfrentaba, atravesaba y mordía a la distancia
ese pedazo de furia que ambos desataban, Esa pasión sin receso, ese sabor del
re-encuentro.
" ...abrazaste mi cuerpo y el cielo se fundió
en los dos.
Ella siempre lo esperó."
Ella siempre lo esperó."


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