Yo nunca hablo de libertad,
ni me remito a ella,
tan sólo porque creo en ella.
Mi fe se basa en lo fortuito del misterio, que encaja perfecto
en la dicha de lo que se desea.
Sin ánimos de no-correspondida, la libertad impera,
se hace fuego, puente y quimera.
Desagota lo prohíbo en la esfera del precipicio.
Impera.
Modela y efectúa la primacía de un objeto eterno, inmenso en si mismo,
caníbal del misterio, romántico dolor del anhelo, ansia grata de lo enfermo,
disciplina que conlleva muerte en si misma, y vida discursiva.
La palabra libertad no es dicha, se hace carne en el verbo de la fe.
Destruye posibilidad de malestar en la imposibilidad de la cultura y lo impuesto.
Significa.


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